Hanói no te recibe con los brazos abiertos. Te recibe con bocinas. Las motos van por todas partes — en todas las direcciones, por todas las calles — y cruzar la primera vez requiere un acto de fe: avanzas despacio, sin detenerte, y las motos fluyen a tu alrededor. Una vez que lo entiendes, funciona. Hasta que dejas de pensar en eso y simplemente caminas.
El Templo de la Literatura
Fuimos al Templo de la Literatura — Van Mieu — fundado en el año 1070, el primer centro de educación superior de Vietnam. El complejo tiene cinco patios y 82 estelas de piedra con los nombres de los 1.307 doctores graduados entre los siglos XV y XVIII. Los estudiantes vietnamitas vienen antes de sus exámenes a tocar las cabezas de las tortugas de piedra que las sostienen — trae buena suerte académica.
La verdad es que lo que más me impresionó del Templo de la Literatura no fue el templo sino el camino: las motos afuera no tienen fin. Van en todas las direcciones imaginables. La intensidad del tráfico en Hanói es algo que hay que ver para creer.
La noche que pedimos un bife
Después de semanas comiendo en el sudeste asiático, llegó un punto en que el cuerpo pedía algo diferente. Encontramos un restaurante argentino en Hanói y pedimos carne. Era mucho más caro que en Chile — y no importó. A veces el viaje también es extrañar la comida de casa y rendirse a eso. Fue una de las mejores comidas del viaje entero.
Ha Long Bay: el silencio entre las rocas
La bahía de Ha Long está a cuatro horas de Hanói. Son más de 1.900 islas y acantilados de piedra caliza que emergen directamente del mar — sin transición, sin playa, simplemente la roca cayendo vertical al agua. La escala es imposible de entender hasta que estás dentro del barco y las piedras te rodean por todos lados.
Nos bajamos en ciertas islas a caminar por senderos rodeados de naturaleza pura y silencio total. Anduvimos en kayak entre las islas y los barcos — una de esas actividades que parece simple hasta que estás remando con esas paredes de piedra a los costados y te das cuenta de dónde estás realmente.
La noche en el barco es la parte que hay que vivir en Ha Long Bay. Nos tomamos unos tragos en cubierta con una vista nocturna que no tiene comparación. Nos hicimos masajes en el barco que fueron los mejores de todo el viaje. Y al día siguiente, antes de partir, el barco nos despidió con la Ceremonia del Té vietnamita. Un gesto pequeño que cierra perfectamente un lugar que es, en todos los sentidos, difícil de dejar.
Este post es parte de mi diario de viaje por el sudeste asiático: 44 días, 10 países y el viaje que me cambió la perspectiva de lo que significa viajar.
